miércoles, 30 de noviembre de 2011

...si eres Dios, tienes que demostrarlo...

En el capítulo cuarto de la segunda temporada de Los Sopranos, Tony viaja por primera vez a Italia para hacer negocios. Una vez allí, se percata de que el jefe de la mafia napolitana es un viejo senil, y con la que verdaderamente tiene que tratar es con su hija, Annalisa. Ésta lo lleva a un antiguo oráculo donde una sibila hacía sus profecías. Mientras caminan por el lugar, Annalisa le explica la mitología y añade que dichas mujeres solían ser muy hermosas. 



Tony, ante la belleza napolitana, como si de una auténtica sibila se tratara, le pregunta si tiene alguna premonición para él. Ella le contesta: "eres tu peor enemigo". Tony le viene a decir en respuesta que dicha afirmación es un cliché.



Los Sopranos no es una serie cualquiera. En uno de mis anteriores posts, analicé como en el primer capítulo se asentaban las bases de lo que iba a suceder durante siete temporadas. Pero las afirmaciones hay que demostrarlas, si no, se quedan en meras conjeturas. En aquel análisis llegamos a la conclusión de que Tony estaba en guerra con una diosa -su madre-, pero para poder ser el dios de todos los dioses tenía que derrotarla, con la ayuda de otra diosa -su psiquiatra-. 

Una de los mayores frentes a los que se enfrenta una historia que se plantea de esta manera es el "tono". No es fácil lidiar con un género que tiene unos referentes cinematográficos tan arraigados en el espectador (El padrino, Uno de los nuestros, etc). David Chase tenía dos opciones: imitarlos o usarlos. Eligió la segunda, salió ileso y además victorioso. Imitarlos hubiese supuesto un tono en cierta medida mitológico, pero sobretodo poético, y la intención de Chase era otra. Ya sabemos qué pasa con los imitadores, la Historia suele olvidarlos con facilidad.

Como ya hiciera Sergio Leone con el western, optó por desmitificarlo. El director italiano lo tuvo más fácil, sus personajes no veían la televisión, los de Chase sí, y con un agravio añadido, los espectadores. ¿Cómo lidiar con unos personajes que no sólo son mafiosos sino que además han visto cine de mafiosos? ¿Y qué hacer con el imaginario de los espectadores? La problematicidad del metalenguaje. ¿Tendrá solución?

El capítulo dos de la primera temporada es el único de siete temporadas que no se inicia con la cabecera al ritmo de Alabama 3. Antes asistimos a una tras tienda donde se encuentran Tony y todos sus soldados viendo la televisión. En ésta están retransmitiendo un programa donde un ex mafioso habla del vacío en la cima de la mafia en la actualidad. Tony le pide a Silvio algo y éste hace una imitación de Al Pacino, con la que todos ríen. Después comienzan los créditos. Cuando me percaté de la intención, sacar esta secuencia de la diégesis habitual de la serie, me tuve que quitar el sombrero.

Ahora bien, ¿se puede desmitificar algo, para mitificarlo después? Porque no podemos olvidar el propósito de Chase al inicio, es decir, convertir a Tony en un dios. La respuesta la vamos a encontrar claramente en el último episodio de la segunda temporada. Tony ha comido algo en mal estado, se intoxica y comienza a tener extraños sueños premonitorios. La lectura superficial argumentaría que David Chase se saca esta salida de tono de la manga. Pero si recordamos que en los capítulos anteriores, a Tony le sale un sarpullido cuya única explicación médica es el estrés, la cosa cambia de color. La intoxicación puede ser por la comida o no, es decir, puede que se trate más bien de que todo sea producto de su inestabilidad mental. 

Lo que estoy tratando de decir en cierto modo es que la mitificación que realiza Chase no tiene nada de poética, más bien la humaniza y le da un carácter corporal. Sus personajes vomitan, cagan, comen, tienen cáncer y ven la televisión. Annalisa le dijo a Tony que él era su peor enemigo. Salvando el cliché, es la pura verdad, nuestro protagonista tiene problemas mentales. Desde una perspectiva psicoanalítica, los sueños son sólo una herramienta del cerebro para depurar y poner en orden la consciencia. Tony no es ningún vidente, es un dios que necesita desarrollar sus habilidades. Toda la segunda temporada está llena de miradas de Tony a Pussy. Hablamos de intuición. 

Independientemente si nos gusta más o menos el proceso de desmitificación de la serie, si asumimos la nueva mitificación que realiza Chase, retomar a Annalisa haciéndose pasar por la doctora Melfi en uno de los sueños producidos por la intoxicación, es la prueba para que la conjetura se convierta en teorema. Una bella sibila le advierte del peligro que corre si sigue negándose a admitir que su amigo del alma, Salvatore Bonpensiero, alias Big Pussy, es un traidor. 



Éste es el antepenúltimo plano del último capítulo de la segunda temporada, después de que haya matado a Pussy. Tony mira algo o a alguien en la fiesta de graduación de su hija.




Cuando el lenguaje cinematográfico nos pide a gritos un contraplano de esa mirada, David Chase nos encadena el plano con una playa.


 

Más que una mirada, sospechamos que se trata de una visión, aquella que poco a poco el dios Tony está aprendiendo a utilizar.


martes, 15 de noviembre de 2011

¿Se puede ser Dios durante veinte segundos?





Tony se encuentra perdido y atrapado en un plano ligeramente picado.








Pero despierta de su letargo y se percata de ello.







Está atrapado por una diosa (contraplano contrapicado).








Volvemos a Tony, pero el ángulo del plano ha cambiado a contrapicado, y además la cámara avanza hacia él.











Y también hacia la diosa.






Un juego dialéctico de plano contraplano contrapicados que podríamos interpretar como una guerra, pero los dos travellings in y el cambio de ángulo de Tony nos informan de algo más importante: Tony también es un dios, pero aún no es plenamente consciente de ello.





  Necesitará ayuda...





 ... (¿De otra diosa? Su ángulo ligéramente contrapicado también es muy sospechoso) ... para poder comprenderlo, deshacerse de esa otra divinidad -su madre- que lo tiene atrapado y convertirse en el único dios de New Jersey.



¿Es posible contar una historia que dura siete temporadas en veinte segundos? Estos planos pertenecen a la primera secuencia del primer capítulo de la serie Los Soprano. La respuesta: sí. Aunque deberíamos matizar que el verdadero dios de la historia es David Chase, creador de la serie. Dirigió el capítulo piloto y el último de ellos, dejándonos con una de la mayores sensaciones de vacío que se han producido en la historia de la televisión.

domingo, 30 de octubre de 2011

...espectadores condenados a cadena perpetua...

Hay un dato realmente curioso en Imdb. En su top de las 250 películas más votadas por los usuarios -espectadores- registrados, Cadena perpetua ocupa el primer lugar. ¿Por qué creen que este film ocupa dicho lugar? Una lectura superficial argumentaría que es lógico, ya que el espectador se siente fácilmente identificado con una persona inocente que ha sido encarcelada de por vida, y cuyo desenlace final es la libertad. Esta historia es gratificante, sales del cine entre lágrimas llenas de alegría. Pero acabamos de decir que ésta es una lectura superficial, porque la verdadera clave para descifrar por qué gusta tanto esta película es otra. Indaguemos.

La primera pregunta que nos tendríamos que hacer es quién es el verdadero protagonista del film. Si elegimos a Andy -Tim Robbins-, estaríamos situados en el texto, pero si nuestra elección se declina por Red -Morgan Freeman-, ahí ya no estaríamos hablando de superficie, sino del subtexto. ¿A cuál elegimos? No es una elección libre, es nuestro cerebro el que inconscientemente se desvía con el que mejor se siente. Sin duda es Andy, ya que Red es culpable. Pero Frank Darabont no es tonto. ¿Quién nos cuenta la historia de Andy?


Algunos podrían argumentar que Andy es el protagonista, ya que comenzamos con él pero después de que sea sentenciado pasamos a Red, produciéndose una ruptura del punto de vista. A partir de esta ruptura, la historia de Andy nos la contará Red. Podríamos interpretar que esta desición es simplemente una herramienta del guionista que lo utiliza como narrador. ¿O tiene otra intención? Sigamos indagando.


Andy es sentenciado a cadena perpetua siendo inocente. Con él asistimos al robo de libertad que supone estar encarcelado. La metáfora es bien obvia. La cárcel es un régimen totalitario y el exterior supone la libertad -la democracia-, sistema que Andy intenta instaurar en cierta medida a través de la biblioteca, y cuyo mayor exponente se produce cuando pone música en un tocadiscos a través de los altavoces de la cárcel. El problema viene cuando la línea que separa la dicotomía exterior (democracia) / interior (régimen totalitario) no es tan clara como pensamos.

La clave está en cuestionarnos de nuevo por el punto de vista. La verdadera ruptura del punto de vista deviene cuando Brooks -James Whitmore- sale de la cárcel. Ahí está la pista que buscamos. Para Brooks la democracia supone una cárcel. Se podría decir que es normal, ya que se ha institucionalizado, parafraseando a Red.


Volvamos a los protagonistas. Para Andy, la democracia también supuso un robo indiscriminado de libertad, ya que una de sus instituciones -la justicia- lo condenó erróneamente. Fue en la cárcel donde se sintió libre de una vida que realmente nunca quiso vivir -recordemos que era banquero... y su mujer se los ponía bien puestos-. Con Red pasa algo parecido, ambos aceptan que están en la cárcel, y construyen una libertad en torno a ella. Mientras, los que no aceptan su circunstancia, y sueñan con escapar de allí, terminan colgados en una habitación.

Llegados a este punto ha llegado la hora de hacernos la pregunta por el espectador: ¿por qué está condenado a cadena perpetua? Después de asistir a la aventura de Andy, el espectador se siente feliz de que un hombre inocente haya escapado de la cárcel, pero éste es el texto. El subtexto consiste más bien en que el espectador en su subconsciente haya aceptado quedarse en la verdadera cárcel: la democracia. La respuesta está en el último plano, en el cómo y en el dónde.


Fuera del sistema -son fugitivos- y en la naturaleza. Si aún no lo tienen claro, fíjense en el título original del film, The Shawshank Redemption. ¿Quién es el que verdaderamente se redime? Desde nuestra butaca -vida- es mucho más fácil sentirse identificado con los inocentes, ya que nadie se va a sentir culpable de participar en una supuesta democracia que nos encarcela en una utópica libertad.