domingo, 30 de octubre de 2011

...espectadores condenados a cadena perpetua...

Hay un dato realmente curioso en Imdb. En su top de las 250 películas más votadas por los usuarios -espectadores- registrados, Cadena perpetua ocupa el primer lugar. ¿Por qué creen que este film ocupa dicho lugar? Una lectura superficial argumentaría que es lógico, ya que el espectador se siente fácilmente identificado con una persona inocente que ha sido encarcelada de por vida, y cuyo desenlace final es la libertad. Esta historia es gratificante, sales del cine entre lágrimas llenas de alegría. Pero acabamos de decir que ésta es una lectura superficial, porque la verdadera clave para descifrar por qué gusta tanto esta película es otra. Indaguemos.

La primera pregunta que nos tendríamos que hacer es quién es el verdadero protagonista del film. Si elegimos a Andy -Tim Robbins-, estaríamos situados en el texto, pero si nuestra elección se declina por Red -Morgan Freeman-, ahí ya no estaríamos hablando de superficie, sino del subtexto. ¿A cuál elegimos? No es una elección libre, es nuestro cerebro el que inconscientemente se desvía con el que mejor se siente. Sin duda es Andy, ya que Red es culpable. Pero Frank Darabont no es tonto. ¿Quién nos cuenta la historia de Andy?


Algunos podrían argumentar que Andy es el protagonista, ya que comenzamos con él pero después de que sea sentenciado pasamos a Red, produciéndose una ruptura del punto de vista. A partir de esta ruptura, la historia de Andy nos la contará Red. Podríamos interpretar que esta desición es simplemente una herramienta del guionista que lo utiliza como narrador. ¿O tiene otra intención? Sigamos indagando.


Andy es sentenciado a cadena perpetua siendo inocente. Con él asistimos al robo de libertad que supone estar encarcelado. La metáfora es bien obvia. La cárcel es un régimen totalitario y el exterior supone la libertad -la democracia-, sistema que Andy intenta instaurar en cierta medida a través de la biblioteca, y cuyo mayor exponente se produce cuando pone música en un tocadiscos a través de los altavoces de la cárcel. El problema viene cuando la línea que separa la dicotomía exterior (democracia) / interior (régimen totalitario) no es tan clara como pensamos.

La clave está en cuestionarnos de nuevo por el punto de vista. La verdadera ruptura del punto de vista deviene cuando Brooks -James Whitmore- sale de la cárcel. Ahí está la pista que buscamos. Para Brooks la democracia supone una cárcel. Se podría decir que es normal, ya que se ha institucionalizado, parafraseando a Red.


Volvamos a los protagonistas. Para Andy, la democracia también supuso un robo indiscriminado de libertad, ya que una de sus instituciones -la justicia- lo condenó erróneamente. Fue en la cárcel donde se sintió libre de una vida que realmente nunca quiso vivir -recordemos que era banquero... y su mujer se los ponía bien puestos-. Con Red pasa algo parecido, ambos aceptan que están en la cárcel, y construyen una libertad en torno a ella. Mientras, los que no aceptan su circunstancia, y sueñan con escapar de allí, terminan colgados en una habitación.

Llegados a este punto ha llegado la hora de hacernos la pregunta por el espectador: ¿por qué está condenado a cadena perpetua? Después de asistir a la aventura de Andy, el espectador se siente feliz de que un hombre inocente haya escapado de la cárcel, pero éste es el texto. El subtexto consiste más bien en que el espectador en su subconsciente haya aceptado quedarse en la verdadera cárcel: la democracia. La respuesta está en el último plano, en el cómo y en el dónde.


Fuera del sistema -son fugitivos- y en la naturaleza. Si aún no lo tienen claro, fíjense en el título original del film, The Shawshank Redemption. ¿Quién es el que verdaderamente se redime? Desde nuestra butaca -vida- es mucho más fácil sentirse identificado con los inocentes, ya que nadie se va a sentir culpable de participar en una supuesta democracia que nos encarcela en una utópica libertad.