jueves, 15 de agosto de 2013

¿Y si purgáramos la cobarde moral de los guionistas?

Hacía mucho tiempo que una película no me revolvía tanto el estómago como The purge. Me gustaría pensar que el guionista la ha escrito adrede para que constantemente estuviéramos saltando de impotencia al asistir a la mayor verborrea moralista de los últimos años, pero la realidad es otra.

 

¿Por qué coño James no le da dos buenas ostias a su hijo después de que haya abierto el sistema de seguridad?




¿Por qué cambia de opinión James y no entrega al vagabundo?





¿Por qué tiene que morir precisamente James, a pesar de ser el único de la familia que verdaderamente pone de su parte por defenderla?
 
 



Y por último ¿por qué no matan a los vecinos?






Pienso que todas las preguntas se responden con una misma respuesta: porque James Demonaco no ha tenido los suficientes huevos de llevar una brillante idea hasta sus últimas consecuencias.

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