sábado, 10 de febrero de 2018

Cada vez que nace un ecologista, muere un lince

Me hace gracia cuando la caverna de Platón es excusa para cualquier argumentación -¿progre?-. Más Prozac y menos Platón señores. Sí, habéis leído bien. Lo que te enseñó tu profesor de filosofía en el instituto no es la respuesta a todas las preguntas que no sabes responder. 

Para que el lector no me tilde de ideología de extrema derecha -muy de moda hoy en día-, me voy a permitir el lujo de situar mi historia en el contexto adecuado para poder debatir desde unos principios objetivos -y una mierda, nunca llegaremos a entendernos-. 

Tengo que reconocer que siempre parto de la tesis de que en la cloacas de un texto hay un subtexto. Me encontraba asistiendo a una clase de guión que impartía Michel Gaztambide, y estábamos analizando el cortometraje "Wasp" de Andrea Arnold. Mi profesor hizo hincapié en los cambios de punto de vista para poner ejemplos de lo que deberíamos hacer con nuestros guiones -como por ejemplo la amiga que sirve de prejuicio de la sociedad-. 

Hasta aquí todo bien. El problema devino cuando yo le expuse el subtexto. El título de la historia ya te da una pista descarada de lo que realmente quiere contarnos la directora. "Avispa". Recuerdo que en al menos dos escenas, dicho insecto me llamó la atención. La primera cuando estaba en la cocina atrapada y la protagonista la deja salir, y después cuando le pica a su hijo. 

¿Es la protagonista la avispa que quiere liberarse y ello le conlleva a hacerle daño a su familia indirectamente? Michel Gaztambide me replicó diciéndome que veía cosas donde no las había. Vale. Me la callé. Aunque nunca habrá paz para los malvados. 

Años después viene un canino griego y nos revuelve las tripas. ¿Yorgos Lanthimos nos vende una caverna llena de sombras acompañada de un mundo de las ideas? Perdona, aquí no hace falta investigar el subtexto porque ya el texto te lo dice todo. Aún así recurro al ilustre Wittgenstein, para afirmar que los límites del lenguaje son los límites del mundo y a la inversa. 

Y en dicho mundo limitado por el lenguaje podemos sacrificar ciervos, sean sagrados o no, pero no por ello tiene por qué ser una tragedia. No busquen el subtexto, porque éste se nos muestra tal y como es en el texto, y os lo dice un gilipollas amante de las avispas.

¿Han comido alguna vez carne de ciervo y han vivido esa tragedia? No lo creo, son demasiados progres como para admitir que lo han comido cuando vuestro texto es ser vegetarianos. Tienen un subtexto carnívoro lleno de pecados guardado en un armario de vergüenzas burguesas. 

Pero no pasa nada, tienen a Twitter para desahogarse y condenar todo tipo de hechos que dan por verdaderos sin tener en cuenta el derecho a la presunción de inocencia, y lo más grave de todo, sin contrastar los argumentos ni las fuentes. 

Como decía mi difunto mejor amigo -mi tío Elias-, cada vez que nace un ecologista, muere un lince  -¿Cómo es posible?- Los ecologistas necesitan a los linces como texto, pero el verdadero subtexto es que los linces no necesitan a los ecologistas. Allá donde estés, cuanta razón tenías...

jueves, 8 de febrero de 2018

Cuando ahogas el dolor con una dosis desconocida

Siempre he tenido una memoria fotográfica, es algo que no sólo me ha caracterizado, también ha ido una herramienta que ha escrito la historia de mi vida. Cuando nadie se acordaba, yo instauraba mi memoria, y todos asumían con credibilidad -ostia! es verdad! cómo coño te acuerdas de eso?-. Y no sólo era "eso" sin más, eran detalles que pasaban inadvertidos y yo los mostraba tal cual fotografías. 

Hasta aquí nada del otro mundo para el lector. La verdadera historia comienza cuando a esas historias acompañadas de detalles, les añado mi imaginario particular -lleno de mentiras-. Y no contento con eso, cuando la historia -acompañada de mentiras- se repite mil veces, termina por convertirse en una verdad. 

¿Manipulación de los hechos? Puede. ¿Qué más da cuando dichos hechos tienen un final feliz que contenta a todos? Hablando de finales, el inmortal no se merecía acabar muriendo de esa manera, entre otras cosas porque si era inmortal, por esencia no puede morir.  

¿Pero quién soy yo para decir cómo debe morir nadie? En todo caso, la única licencia que me puedo tomar es la de contar la historia de mi muerte. ¿Muerte? ¿Pero si esa palabra está prohibida hasta en la publicidad que expone este blog? ¿Qué me estás contando? 

Una historia fotográfica llena de detalles. El primer detalle, este blog no tiene banners publicitarios. Ya, ¿cómo lo ibas a saber si tienes instalado el Adblock? Da igual, nunca quise rentabilizarlo y sabes por qué, si es que lo lees realmente. Mi historia es una pura basura blanca -white trash- invendible, pero no te pases tampoco, nunca necesité tu miserable limosna "progre".  

¿Porque eso es lo que eres no? Una moneda de dos caras: lo políticamente correcto y tu cuenta corriente. Vale. Me he pasado. Soy un pretencioso ególatra que se cree mejor que tu. Pues sí, y lo reconozco. El Iphone con el que estás leyendo esta historia es el resultado de la falsa historia en la que crees que vives. 

¿Pero esto no iba de mi historia adornada de detalles inventados? ¿Qué hago ahogando mi dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en la cocina de cualquiera contigo?


¿A qué viene este vídeo se preguntará el lector? Simplemente un homenaje a la white trash a la que pertenezco, y de la que me siento muy orgulloso.