domingo, 8 de diciembre de 2019

,,,subidos a esa cuarta pared por encima del bien y el mal,,,

Mantener una filosofía de vida es complicado, sobretodo si tenemos en cuenta de que la vida se divide en distintos procesos ancestrales que se se repiten una y otra vez formando un circulo vicioso del cual es imposible salir. 

No voy a perder el tiempo en vislumbrar las edades de la vida parafraseando a Machado, Freud o Nietzsche, que cada uno mire hacia atrás y sea consecuente con lo que le ha tocado, y sobretodo,  con lo que ha elegido.   

Espera, que te llevo a un lugar. ¿No es una contradicción en sí misma dos verbos como tocar y elegir?  Puede que sí o puede que no, según como lo conjuguemos. Si tenemos en cuenta lo que te ha tocado al inicio, y lo que eliges después durante el camino, puede sonar contradictorio. Y no te equivoques, no es suerte, la suerte no existe, es un concepto que lo inventó la Lotería de Navidad. 

Tanto si has nacido en una familia de una aldea de África como en una del primer mundo, las decisiones las tomas tú. Ya. Teniendo en cuenta la mochila del premio. Aún así, eres en cierto modo libre de tomar un camino u otro, hacia ese final que no importa.

Esa libertad sólo surge si eres capaz de subirte a la cuarta pared de las tres que te oprimen. Ya. Es fácil decirlo cuando soy blanco y he nacido en el paraíso. Pero una vez más te pido que no te equivoques, soy una basura blanca en un cementerio lleno de necesidades. 

Subir a la cuarta pared no es algo perpetuo, se da sólo en ciertas ocasiones. Y dichas ocasiones sólo se dan cuando emprendes un camino que no tiene final. Porque el final es el apocalipsis que dictamina quienes fueron buenos o malos. 

Llegados a este punto, mientras os regalaba un texto lleno de mentiras inventadas en el romanticismo y la ilustración, mi yo, el ello y mi superyó hemos estados subidos en un subtexto, a esa cuarta pared por encima del bien y el mal, circunstancia que no tiene nada de Ortega ni de Gasset...





domingo, 24 de noviembre de 2019

Cuando un dron intentó ordenar el almacén de mi alma...

La mayoría -por no decir todas- de las tardes de mi vida han tenido como campo de batalla la calle, esa que constituía un hardware cuyo software creábamos nosotros sobre la marcha, sobre todo en aquellos inolvidables años de la infancia cuando Freud dice que forjamos lo que seremos el resto de nuestras vidas. A Darwin lo mencionaremos otro día. 

No deja de ser curioso el hecho de que me llevo casi todo el día en mi trabajo frente a un ordenador. Ahora dirá el lector que el primer párrafo de esta entrada es una vacilada y que a día de hoy ya no vivo en la calle. Pero yo le voy a responder a usted con otra pregunta. ¿En qué medida dicha tecnología mediatiza mi forma de relacionarme con el mundo? 

Antes que nada, voy a admitir que evidentemente mi vida ha sufrido un cambio, y como buen hijo de mi tiempo, yo soy yo y mi circunstancia, no vivo en la selva amazónica alimentándome de bichos y raíces. (¿Hacía falta parafrasear a Hegel y a Ortega y Gasset para vomitar dos verdades?).

Recuerdo que fui el último de mi círculo en comprarme un móvil. Esa sensación de llegar a casa y ver una nota en la puerta de la nevera de que te habían llamado por el teléfono fijo no tenía precio. También fui el último en tener un pc e internet. Y cuando todo el mundo ya tenía la última generación de móviles con Android o IOS, yo seguía con un Nokia. 

El lector deducirá que llegue tarde a las redes sociales, y cuando por fin sucumbí a ellas, las calles se volvieron desiertas. Nunca olvidaré el día que me borré de todas. Si usted lo hace algún día, y no le tienta volver, comenzará a vivir de una forma no sólo menos mediatizada, además comprobará que su infancia sigue estando ahí, y sobretodo y lo más importante, volverá a disfrutar de los 5 sentidos, y no me refiero precisamente a la pregunta "¿A qué huelen las nubes?".

Vale. Vamos a matizar. Blogger está considerada una red social, pero para mí no deja de ser un diario en diferente formato. De hecho nadie lo visita o comenta, ni tengo la necesidad de dirigirlo a nadie, más bien hablo conmigo mismo. Vale, sigamos matizando. Sigo utilizando Facebook y Twitter, pero sólo con fines comerciales, para promocionar mi negocio, es decir, cuentas sin amigos. 

Hablando de amigos, mi sobrino que tiene 5 años no sale a la calle por las tardes. Sólo sale para ir a la natación, al karate y al conservatorio. No conoce a ningún otro niño de su barriada a no ser que coincidan en el colegio o en las actividades extraescolares. Sus juegos están en la tablet. No sabe lo que es la lima, el coger, unamimula, la lata, el cinturón y un largo etc. 

Se da la circunstancia de que mi familia, aún estando todos independizados, seguimos comiendo al medio día todos juntos. Ni que decir tiene, que durante ese tiempo que dura la comida, chuceamos a mi sobrino. También mis herman@s o yo lo recogemos y hacemos cosas juntos, como ir de excursión al río a coger ranas, al campo a recolectar frutos, a meternos uno con el otro poniéndonos motes, a meterlo en el cuarto de las ratas y salir llorando -de alegría queridos progres-, clases particulares de cómo defenderse del abusón y convertirse en el líder, y un largo etc.

Y la fórmula funciona. Se comporta diferente a los demás niños de su edad. De hecho en el colegio a la madre -mi hermana- le advierten de comportamientos inadecuados para la era del exceso tecnológico, que a la postre es vacío y apatía. 

No esperen que una reflexión moral sobre el tipo de influencia que ejercemos sobre mi sobrino. No quiero que usted, querido lector progre, tenga la oportunidad de denunciarme a través de las redes sociales. No creo que tenga cojones de presentarse en una comisaría ni mucho menos decirme nada a la cara. Y lo peor de todo, es que habiendo nacido entre los 70s y 80s (si naciste a partir de los 90s no eres ni bienvenido a esta entrada), ya estás tan contaminado, que lo que antes resolvíamos en la calle, ahora simplemente es un mundo paralelo creado por tu mente. 

Alguien dijo una vez que la realidad sólo es una proyección de un estado interior, y no le quito razón, pero no es lo mismo que dicho estado, que no deja de ser el movimiento del almacén de mi alma lo maneje un dron, a que lo domine una calle llena de niños...y uno de ellos sigo siendo yo,,, el mejor amigo de mi sobrino con 5 años, manda huevos,,,


domingo, 20 de octubre de 2019

Vamos a dejarnos de pajas, vamos a la puta realidad

Las pajas es algo propio de la juventud o adolescencia, si las alargas más allá puedes sucumbir en el error de no saber distinguir la realidad de lo que verdaderamente estás viviendo. 

Dicho esto, y habiendo superado el síndrome de Peter Pan, hablemos claro. El hecho de que viviera mi infancia rodeada de películas en VHS porque mi padre tenía un videoclub no me hace un director de cine. Sólo crea en mi una cultura y sobretodo un conocimiento cinematográfico a nivel subconsciente. 

Ya lo se, la similitud con cierto director es evidente, aunque con ciertos matices. Yo era un crío que devoraba cientos de películas gratis, y el otro era un empleado con una clara diferencia de edad. Llegados a este punto, el lector creerá que me estoy comparando con Tarantino, puede, pero también podría ser Paco Cabezas. Da igual. Sigamos.

Muchas cabezas como la de Paco han reivindicado una enseñanza de la cultura audiovisual, no porque no la tengamos presente desde que nacemos, sino más bien para discernir lo que vemos y oímos, y  de ese modo crearnos un criterio propio que nace de un raciocinio individual sin tener que beber Coca Cola y aspirar a ser el ganador de Gran Hermano.

Llegados a este punto, el lector ya sabrá que nos movemos en una franja que parte de los 70 hasta los 90. Esas generaciones que vivimos en la calle las aventuras de lo que deseábamos ser, pero sin embargo nos impusieron que estudiar una carrera era un mejor camino. Y el experimento fracasó. En cierto modo.

Estudiamos lo que nos atrajo en ese momento, y ahora nos encontramos en una puta -dulce- realidad muy lejana de dicho camino. Pero como diría nuestro amigo Machado, bendito camino. Si volviera atrás haría exactamente lo mismo. Tengo que decirlo, lo he pasado muy bien.

Vale, pero el Otro nos impone un imperativo, tenemos que dejar de hacernos pajas. Como decían unas cuantas generaciones anteriores, te puedes quedar ciego. Puede, pero a estas alturas ya he cerrado el círculo que encabeza esta entrada.

No soy lo que soñé ser como tampoco lo que la sociedad quería imponerme, y dicho esto, aunque sea repetitivo o cíclico, vamos a dejarnos de pajas, vamos a la puta realidad, esa que tantos sufren como  un calvario, y para mi sólo ha sido caminar,,,








jueves, 19 de septiembre de 2019

Exit through the gift shop,,,

¿Salir a través de la tienda de regalos te convierte en el enemigo público número uno? Ni mucho menos, que uno prefiera o no dicha salida no tiene nada que ver con la banda sonora que escuche al salir. 

Entonces ¿por qué elegir dicho camino nos convierte en una especie de snob que los demás rechazan, no porque ellos no pertenezcan o promulguen dicho universo, sino porque más bien se sienten amenazados por la granada que podemos llevar en nuestras manos y podría destruir dicho mundo?

El texto, sí, ese maldito texto, dice que Banksy ha creado una ¿nueva? corriente dentro del arte callejero, donde a través de sus obras llenas de sátiras, metáforas, ironías y largo etcétera,  intenta deconstruir el mundo instaurado. 

Pero dicho texto, que frente a nuestros ojos se presenta como una post-verdad, sobretodo en forma de interrogación que nos pregunta si verdaderamente nuestro paradigma es el válido, podría tener un subtexto que lo aleja precisamente de ese nuevo ¿o viejo? paradigma que intenta reemplazar al que tenemos instaurado. 

Un subtexto que el artista no programó de antemano, sino que más bien se desarrolló después en la relación entre la obra y el espectador -parafraseando a Gadamer-. El resultado es un significado muy distinto al que pretendía Banksy, pero no por ello menos verdadero. Dicha verdad pasa de texto a subtexto en un movimiento maravilloso de la naturaleza. 

Su supuesta ruptura se convierte en un elemento más del mercado artístico, y cuando intenta contrarrestarlo destruyendo una obra en una subasta, dicha post-obra destruida se convierte a su vez en otra obra más, con un precio establecido, y sobretodo, con un significado abierto que no tiene nada que ver con el propósito del autor. 

Dicho esto, me voy a poner los cascos, darle al play y a salir a través de la tienda de regalos mientras escucho...









sábado, 7 de septiembre de 2019

No tengo a donde ir...

Antes de plantear mi texto -tesis- diré que mi padre no era un putero ni formó parte de nuestro ejército. Tampoco sufrí bullying por parte de pandillas de niñatos chinos y no tengo ningún tatuaje con alas. 

Siguiendo con la historia, de donde provengo, hay tanto ganado como maricas, y el hecho de no tener cuernos no me convierte en un maricón. A estas alturas, si las referencias no te han resultado suficientes, no sigas leyendo, esta entrada no es para ti.

¿Sería capaz de vender un caza al enemigo por el simple hecho de que soy un egocentrista que sólo piensa en sí mismo? Puede, de hecho mi historia está llena de vergüenzas. Pero la realidad es que nunca he traicionado a nadie, y lo que es más importante, a mi mismo.

Muchos no estarán de acuerdo con esto último. Me tildarán como un diablo manipulador que siempre ha mirado por sus intereses. No les falta razón. Siempre he sido un puto egoísta que en última instancia hace prevalecer su cosmovisión. 

Dicho esto, el texto está bien claro, lo que viene a ser un hijo de puta. ¿Cómo hablar después de esto? ¿A caso existe una postverdad que reafirme mi conducta a pesar de ser una auténtica basura blanca? Como siempre digo, debajo de un texto, hay un subtexto. La familia, la sociedad, la cultura, las costumbres, la economía, y un largo ecétera me impusieron un camino que no he cumplido. Ellos se sienten traicionados porque a pesar de haber llegado a su meta, no soy el resultado esperado.

Estudiar una carrera era el cometido imperial de los nacidos en los 70 y 80. Ya fuera de ciencias o humanidades, el hecho era estudiar y tener una licenciatura firmada por el Rey, con la que ya sea dicho de paso me limpié el culo. Sobretodo teniendo en cuenta de que elegí humanidades.

Pero el camino, no el final, el camino (Antonio Machado...), no me lo quita nadie. Ahí fue donde nunca, y cuando digo nunca, es nunca, me traicioné a mi mismo. Forgé una identidad a base de pastiches, sí, pero son mis particulares pastiches. Ni que decir tiene que dicha mezcla no me llevó a ninguna meta de las que la sociedad esperaba de mi.

Y aquí me encuentro, en una dialéctica que sólo tiene como final una síntesis precedida de una tesis y una antitesis que invade mi espíritu. Y puede que en cierto modo me sienta un poco perdido, y no encaje, porque el tiempo le ha dado la razón a la sociedad, y más concretamente a mi familia -ahora soy clavado a mi padre, ese que tanto repudiaba en la juventud-, y a mis amigos -mi segunda familia- los cuales no cumplieron sus promesas, pero al menos puedo mirarlos a los ojos.

Y cuando alguien que ha bebido más cerveza, ha meado más sangre, ha echado más polvos y ha chafado más huevos que yo, y de seguido me invita a que me largue de sus instituciones preestablecidas, sólo puedo gritar que no tengo donde ir...

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cuando una cassette me hizo libre de Hamelin

Antes de decir cualquier gilipollez como dogma, voy a parafrasear a un filósofo -¿Hegel u Ortega y Gasset?- (¿Qué más da? Los dos eran igual de gilipollas engreídos) cuando decía que "somos hijos de nuestro tiempo". Pero con un matiz, la forma es la misma, lo que cambia es el contenido. 

Dicho esto, corría los años 90, estaba en el instituto y me tocó vivir como se suele decir la época dorada. Todas las generaciones dicen lo mismo. Por supuesto la nostalgia juega un papel fundamental. Por no hablar de que el sentimiento es el mismo, lo único que cambia como dije anteriormente es el contenido. 

De acuerdo. Eso es el texto institucionalizado. Pero como ya sabrá el lector, a mi me gusta más indagar en el subtexto que hay detrás. Y antes de decir nada, te doy la razón, el patrón se repite, tesis (texto) / antítesis (subtexto), como una dicotomía, que además suma una síntesis (¿el yo? ahí lo dejo) como resultado, y vuelta a empezar.

Aceptado todos los paradigmas, ahora es cuando quiero contar esa ley que rompe la regla. Fui uno de los que le tocó vivir la "Música" como asignatura en la ESO (Educación Secundaria Obligatoria),  y decían los socialistas (¿o sociolistos?) que nos aportaba memoria, serenidad y creatividad.  

La primera clase fue un show. Nuestra profesora estaba buenísima, llevaba minifalda, y nos preguntó a cada uno con cual instrumento nos sentíamos más identificados y si alguno ya tenía algún conocimiento previo. Hubo muchos que sí, estaban en bandas de las que tocan en la Semana Santa.

Pura basura. Lo siguiente fue aprender las notas, cómo interpretarlas y traducirlas -tocarlas- en un instrumento. Lo siguiente fue comprarnos una flauta y aprender el Himno de la alegría de Beethoven. Sólo esa canción y con ese instrumento todo el curso. Eran tres trimestres, con sus respectivos exámenes y los suspendí todos. Y después llegó septiembre, la última oportunidad de aprobarla. Pero quiero retomar el texto desde el principio.

Era 1995 y había dos clases de personas en el mundo, los que tenían el revólver cargado y los que cavaban. Y yo era de los que no les gustaba cavar. Cada profesor tenía una especie de oficina, y yo, que no era muy de flautas, me tocó cierto día visitar a la buenorra en dicho departamento con la intención de aprobar la asignatura. 

Llegando, ella también llegaba portando un Compact Disc con su plastiquito y todo, recién comprado. Entramos, me dijo que me sentara mientras ella acomodaba sus bártulos. Una vez sentada, me pregunta ¿estás listo? En vez de flauta, le di una cinta de cassette. Y le dije que la pusiera en la mini cadena. Entonces no existía el acoso del patriarcado como ahora, ella la puso porque salió de ella, de su mera curiosidad.

Era lo que solíamos llamar un mix, y en mi caso canciones grabadas y mezcladas de otras cintas, la radio, la tv de pago e incluso de partes de la banda sonora de una película en VHS. Sips, yo ya en esa época pirateaba. La cara A era una sesión hecha con trozos de canciones, las más famosas las que escuchaba en el programa "It's Your Time", por cierto, catalán, y que una cadena de Huelva lo emitía (siendo yo de Sevilla...)

Y empezó a sonar ese mix hecho con una mini cadena con dos cassettes y un segundo equipo de radio grabando. Ella quedó un poco perpleja. No le gustaba aquella música, pero supo ver que las mezclas estaban bien hechas y sincronizadas. Me preguntó por los platos y vinilos que utilizaba, y cuando le dije el proceso, no se lo creía. Era imposible para ella. Y yo en un arranque de poca humildad quise replicarle, pero el mix acabó.

Ella sacó la cinta, le dio la vuelta en un gesto involuntario, y en su reverso leyó Oasis. Benditas pegatinas. Sin mediar palabra puso la cara B del cassette, y empezó a sonar Wonderwall de Oasis, y no supo reaccionar. Yo tampoco. Sólo una mirada cómplice. Y cuando terminó, una pregunta: ¿lo has grabado de la radio? Dije que no y... no me dio tiempo a seguir hablando cuando empezó a sonar "Whatever", un sencillo en solitario que estaba entre dos discos.

Yo la tarareaba pero traducida al español. Entonces ella cogió el CD recién comprado en Sevilla Rock, con su plastiquito, lo abrió y era el single que estábamos escuchando. Tenía varias preguntas. De dónde lo había grabado y sobretodo como un energúmeno como yo en una recuperación de Septiembre en Música, la cantaba en español.

A partir de aquí, el lector es libre de creer lo que le salga de los cojones. Nunca me he considerado un encantador de ratas, como tampoco me he dejado llevar por la melodía de un tal Hamelin. Un simple cassette me hizo aprobar Música sin haber tocado una flauta en mi puta vida. Y ahora es cuando puedo afirmar que una cassette me hizo libre de Hamelin con total rotundidad...



jueves, 8 de agosto de 2019

Cuando la cuarta pared es la verdadera diégesis

¿Podría verse afectada la diégesis de un mundo ficticio con sus propias reglas? Evidentemente, un  purista diría que no, pero el metalenguaje nos dice que todo está interconectado y es retroalimenticio. Eso nadie lo duda en la postmodernidad. Pero yo quiero ir más allá. 

En una ocasión os conté que los ejes nos podían contar el final, nada nuevo, todo se desarrolla dentro de un mundo bien construido, o como diría mi abuelo, el que siembra recoge. Pero ¿qué pasa cuando en dicha siembra interfiere un elemento externo que modifica la misma?

Homeland es una de esas series que tengo como referencia, aunque algunos la critiquen por el final abrupto de su protagonista. Ya desarrollé lo que pensaba al respecto cuando la canción se terminó. La mala relación entre los protagonistas infectó la ficción, y este sería el texto de una cuarta pared, pero deberíamos preguntarnos por un posible subtexto no de dicha cuarta pared, sino más bien de la diégesis.  

Y ahora usted lector dirá, ¿cómo es posible que un final que no estaba preparado y se ve interrumpido por el "detrás de las cámaras" se convierta en un subtexto de la propia diégesis de la ficción? Llegados a este punto no sólo estamos inmersos en el metalenguaje, hay más capas que se van añadiendo para formar un significado que el propio autor nunca pensó -parafraseando a Gadamer-.

Después de que Clint Eastwood leyera y aprendiera el guión de Sergio Leone y Luciano Vincenzoni para interpretar al Rubio, en pleno rodaje, no decía la mayoría de los diálogos, más bien los reducía a simples gestos. ¿Por qué? ¿Eran demasiado malos y por eso los rechazaba?

Según cuentan las malas lenguas, hay dos motivos. Uno, el oficial, es que verdaderamente eran malos diálogos, y un "actor de segunda" los rechazaba por ello. Pero hay otro extra oficial que argumenta que el tito Clint odiaba fumar, y como le obligaban a portar ese inconfundible purito, en represalia no decía los diálogos. 

¿Quién fue el responsable de las largas secuencias sin diálogos que transmitían toda la esencia a base de sonidos, gestos, melodía y planos nunca antes vistos en esa manera de montar -contar- -¿moderna o post?- Ya lo he dicho en más de una ocasión, el padre de la modernidad no es nadie en concreto, es la suma de todos, más esa cuarta pared que irrumpe en la diégesis para crear algo nuevo y bello, o feo, para mi es lo mismo. 

De nuevo cito a la malas lenguas que dicen que ‎Tom Hardy se comportó como un auténtico cabrón fuera de las cámaras en "Mad Max: Furia en la carretera", llegando a pedir perdón después del rodaje a todo los miembros del equipo y el reparto. Y aquí viene la magia, cuando la cuarta pared es la verdadera diégesis y crea una auténtica maravilla, un héroe que recorre una odisea sin ganas (Robert McKee diría que es la regla en el primer acto, sólo en el primero, no durante una historia completa) y sale victorioso. 





sábado, 27 de julio de 2019

Ni Descartes o Cervantes, mi verdadero padre es Leone

De la mano de Kundera he sentenciado en varias ocasiones que el verdadero padre de la modernidad no es Descartes, más bien Cervantes. Y en realidad no quiero renunciar a ello, pero sí matizarlo. 

Tanto la modernidad que tanto Descartes como Cervantes crearon e iniciaron siguieron un camino que otros muchos fueron moldeando hasta llegar a nuestros días. La paternidad, aunque discutida, se podría achacar a ambos. 

Pero decir que Sergio Leone es el padre de dicha modernidad es una contradicción en sí misma, por el simple hecho del nacimiento de cada uno, salvando las distancias que podrían producir unos hipotéticos viajes en el tiempo. 

En todo caso, Leone sería un hijo más que aportó su granito de arena a la causa. Una causa que ha sido tanto buena, como mala o fea. Tres elementos que componen en cierto sentido al individuo moderno. Racional, moral y abierto a la fealdad (que se convierte también en arte). 

Si el romanticismo inventó parte de lo que somos ahora, más la revolución industrial y los avances científicos -todos ellos por error o acumulación-, da como resultado a un sujeto que emprende una odisea para volver al mismo lugar del que nunca debió salir. 

Y lo peor de todo es que dicha odisea se convierte en una especie de huracán que destroza todo y no deja nada a su paso. ¿O sí? El texto diría que la memoria colectiva seguiría reinando entre los supervivientes. 

Pero el subtexto es otro, como diría nuestro amado Slavoj Žižek. Un individuo vacío y apático, que ya no cree en Dios, y que sólo le mueve su propio amor propio nihilista, sí, pero con un padre que no fue ni Descartes o Cervantes, sino más bien Leone...


PD: a la trilogía o trío -bueno, malo y feo- le falta el humor, no porque no lo tuviera, más bien ha sido omisión mía -lo quería reivindicar para poner la guinda al pastel-, siempre estuvo ahí, en "el mundo se divide en dos categorías...", y entre tu y yo, ya sabemos quien cava...



miércoles, 24 de julio de 2019

Cuando la barca de Coria cruzó el Misisipi...

En muchas ocasiones he comentado al lector que lo que soy sólo es la suma de una serie de circunstancias que conforman un pastiche. Dicho esto, ya no me vale mentir, soy la combinación de una serie de elementos que parecen una creación original, pero no lo es.

Era un crío, amoldable y manipulable. Mi educación fue una mezcla de tradición, experimentación e innovación. La mayor parte de la mezcla se realizaba en la calle, una calle que estaba llena de niños deseando, inventando y recibiendo las palizas oportunas. Ahora las calles están desiertas, la era del vacío como diría un tal Lipovetsky.

Sea como fuere, el mundo era algo por explorar, y como buen homo sapiens que aprende de la repetición o la iniciación, tuve mi mentor. Ya os he hablado de él aquí...... Un traficante de almas (No hay enlace de afiliados, lo que es del César es del César) que no sólo especuló con la mía, también hizo algo más para ganarse su comisión. No me enseñó en el arte de la guerra, y sin embargo soy un guerrero.

Más importante que ganar o perder la guerra, estaban las batallas. Cada sábado, mi única arma -batalla- era una bicicleta que buscaba cruzar ese río de referencias -no el sueño americano de Ronald Reagan, más bien la de una vena que busca inyectarse vida- que estaban constituyendo mi vida. Pero mi bicicleta no era suficiente. Quería cruzar el Misisipi pero me hundía.

Estaba errado. Y quizás lo siga estando. Pero como diría Frank, "el otro día anoté una cosa. Lo hago a menudo cuando estoy en la carretera. Más o menos venía a decir lo siguiente: los viejos sueños eran buenos sueños. No se realizaron pero me alegro de haberlos tenido. No sé muy bien qué significa pero pensé que podría utilizarlo un día."

Ese día ha llegado, y lo único que tengo claro es que cuando me estaba hundiendo, crucé el Misisipi gracias a la barca de Coria que pagaste por mi, y mis sueños, fuesen buenos o no, se realizaran o no, es lo de menos, me alegro de haberlos tenido en dicha cruzada, no la de cristianos y moros, más bien la de un mercedes tomando un atajo hacia la felicidad...





viernes, 19 de julio de 2019

¿Quieres volver a ser el comercial de mi vida...?

Hace años, entre medio de la muerte de Kurt Cobain, la cual no lloré porque yo era más de Oasis, cuando iba a los servicios del instituto, sólo podía pasar cuatro cosas, a saber: mear, fumar, escribir con rotulador en la puerta del water o una novatada (os pido perdón a todos los afectados por esto último, no me siento orgulloso, pero eras tu o yo).

De las cuatro, hubo una especialmente significativa, una frase que ninguna limpiadora pudo borrar, "la esensia de esta vida consiste en buscar el nirvana". No se hizo esperar las respuestas, "mucho nirvana, pero puto analfabeto, a la esensia le falta la "c". Justo lo que esperaba. No fue un error ni una falta de cultura lingüística, fue premeditado. 

Una frase que intenta copiar al peor Paulo Coelho nunca llamaría la atención, salvo si en dicha frase hubiese algo que no cuadrara. Y fui más allá, y la firmé con mi nombre, para que todo el mundo supiera quien fue el autor, quien era yo. Parafraseaba a Sartre pero no había leído "El ser y la nada", citaba a  Polański y no había visto aún el "El quimérico inquilino".

No hace falta decir que me llevó directamente a la fama -efímera, sí, pero bendita fama-, una fama basada en un chiste -malo por cierto-. El problema vino cuando el chiste se convirtió en un mito, y el mito dejó de tener gracia porque nadie lo comprendía verdaderamente. 

Necesitaba a alguien que lo entendiera en su justa intención. Mi vida era un nicho de mercado emergente que necesitaba un comercial para proyectar las ventas -mis inquietudes-. Y entonces apareciste tu, el verdadero Kurt Cobain que me llevaría a ese "nirvana" que tanto ansiaba. Me guiaste y me vendiste, como todo buen comercial.

Después pasó lo que pasó, los mejores años de vida -¿alguna vez hubo alguno malo?- y llega este preciso momento en el cual estoy escribiendo estas reflexiones de una basura blanca más. Y a pesar de estar orgulloso de ser dicha basura, me pregunto: ¿Quieres volver a ser el comercial de mi vida...


PD: y cantar esta canción a capela en tu viejo mercedes...?



sábado, 29 de junio de 2019

Voto a VOX, veo Jugones y soy de izquierdas

En un mundo donde las minorías se han apropiado de la "verdad", ser un reaccionario es igual de equiparable a cometer un crimen, y lo peor de todo es que siempre serás culpable hasta que tu demuestres lo contrario -¿Si es si o es no? ¿No es no o es si?-. 

Cuando VOX no lo conocía ni su padre, yo ya me hice eco de él, de hecho en anteriores publicaciones podréis comprobar como hablo de la -¿extrema-? derecha. No aquella basada en el nazismo o fascismo, sino más bien aquella que vela por lo que he sido siempre -sin ser consciente de ello en mi juventud-, un luchador que con mis impuestos mantengo este país.

De nuevo empiezo un párrafo con un "cuando" era un adolescente, renegaba de los adultos, sobretodo mis padres, y de las políticas de derechas -¿o izquierdas?- -¿cual es la diferencia?- Algo muy común y que se repite cíclicamente generación tras generación. 

Todo lo que me decían mis padres, abuelos y demás familiares o amigos de avanzada edad me lo tomaba como la antítesis de lo que yo sentía. Ahora no es que sea un viejo, pero si que me ha llegado ese momento en el que me he dado cuenta de que cierta herencia vertebra no sólo mi vida, sino a la naturaleza misma. 

Ahora mismo soy igual que mi padre. No sólo físicamente, con los mismos gestos, ideales, cultura, personalidad o temperamento, y voy más allá, soy un clon de él. Me he convertido en todo lo que repudié en mi juventud. Y no sólo eso, el tema está en que estoy encantado de ello. 

Encantado de darme cuenta de que por mucho que creyera que fuera a cambiar el mundo, al final he terminado siendo el mismo mundo que me negaba a pertenecer. Y esto no es nuevo, si el lector tiene cierta edad sabrá de lo que estoy hablando. 

Pero como siempre digo, detrás de un texto hay un subtexto. Esto viene pasando desde que el hombre es hombre, e inventó la escritura para dejar constancia del mercado y las propiedades. Nada que no haya dicho cualquier antropólogo. 

De nuevo empiezo un párrafo con un "pero" aunque no haya cambiado el mundo y sea igual que mi padre, si que ha cambiado algo. Soy igual que mi padre, pero el contexto ha cambiado. Me enfrento a la vida de la misma forma, pero la vida no es la misma. 

Mi padre votaba al PP -la nueva izquierda- con las mismas inquietudes con las que yo votaba al PSOE, y ahora he votado a VOX. Como también él escuchaba El Larguero y yo sigo la actualidad deportiva de mi equipo a través del Chiringuito de Jugones (que no es telebasura, más bien post-telebasura y tiene el mayor tanto por ciento de primicias acertadas de todos los medios...).

La esencia o naturaleza es la misma, ya cites a Platón o a Aristóteles, porque donde radica el misterio es en la dirección que vas a tomar. Mi padre giró a la izquierda de la derecha, creyendo que iba a la derecha, y yo también lo he hecho igualmente. Pero la diferencia está en que aunque mi camino vaya a la derecha, siempre seré alguien de izquierdas...


Cuando un blanco y gordo -te o nos- gana la guerra

Para qué nos vamos a mentir, vivimos en una sociedad instalada en lo superficial, y a la hora de elegir, la vista gana a lo demás (pregúntale a tu hijo, a qué huele su ropa o qué tacto tiene la misma, y que te lo describa)

Es por ello que cuando contamos nuestra historia, todo lo que no sea blanco y delgado se queda a un lado. ¿Racista? No lo se. Quizás Darwin tenga la respuesta. ¿O Nietzsche? De un modo u otro ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido blanco y delgado?

No voy a renegar de mi naturaleza. De hecho he pertenecido a la clase de blanco y delgado que podría haber tenido todo a sus pies, y sin embargo, no soy más que una basura más (White Trash). Ya. Ha sido mi elección. Pero bendita elección.

Una elección que ha supuesto una batalla contra la sociedad que quería una versión de mi que no se ajustaba a lo que siento. Cuando llego a mi intimidad no tengo que darle explicaciones a nadie, y lo más importante, no tengo prejuicios a los que arrodillarme. 

He ganado una batalla, pero eso no quiere decir que haya ganado la guerra (¿o sí? depende de si hablamos de realidad o ficción, o ¿es lo mismo?). Porque llega el día menos esperado, y un blanco y gordo, no sólo te gana la batalla, sino además la guerra. ¿Y cómo puede ser esto?

Quizás haya mucho de mito en la figura de Gennaro Savastano. O podría darse lo contrario, una desmitificación, para crear un nuevo mito (¿Cómo la de Tony Soprano?). Un héroe, blanco y gordo, que se proclama como nuevo superhombre en una odisea en el espacio, aunque más realista que la de Los Soprano.

En el instituto nos reíamos de él (sí, su padre era un mafioso, que podía matar jueces o clanes rivales, pero no a los padres de los que le hacían bullying a su hijo). Pero el aprendizaje de Genny no fue la escuela. Ni siquiera la calle y su submundo. Fue una selva donde reinaban los machetes. Su supervivencia dependía de su vida o la del otro. Eligió sacrificar la del otro, aunque esto podría sonar normal por el simple hecho del instinto de supervivencia, pero hablamos de un niñato blanco, gordo y mal criado rodeado de auténticos criminales -salvajes-. 

Aún así, nuestro personaje sigue teniendo un complejo de inferioridad y pretende alejarse de lo que es, para ser como los demás (mata a su padre, negocios legales y el intento frustrado del borrado de sus tatuajes y cicatrices, etc). Pero no lo consigue. El simple hecho de recoger a su hijo de la guardería ya supone una vergüenza. La mirada del Otro, como diría Sartre, es la que nos identifica o construye lo que somos -¿o no?-.

El punto de inflexión se produce cuando Genny asume lo que realmente es, un puto blanco y gordo malcriado que se ha hecho mayor, que sólo ganaba batallas, pero que no tenía conciencia del verdadero poder que tenía entre sus manos. 

Cuando asume ese poder -no sólo dispara a Patrizia, una vez muerta la remata...) es cuando verdaderamente gana la guerra. Quien lo iba a decir, el gordito es el amo del -ello, yo y superyó- de este mundo real -¿o de ficción? que vivimos instalados en la superficialidad, haciéndole frente a los Leonardo DiCaprio o Cristiano Ronaldo, que no dejan de ser un reality show. Y lo ratifica con una mirada a cámara en un cierre de temporada magistral...


Bonus Track por si borran el video anterior...