jueves, 19 de septiembre de 2019

Exit through the gift shop,,,

¿Salir a través de la tienda de regalos te convierte en el enemigo público número uno? Ni mucho menos, que uno prefiera o no dicha salida no tiene nada que ver con la banda sonora que escuche al salir. 

Entonces ¿por qué elegir dicho camino nos convierte en una especie de snob que los demás rechazan, no porque ellos no pertenezcan o promulguen dicho universo, sino porque más bien se sienten amenazados por la granada que podemos llevar en nuestras manos y podría destruir dicho mundo?

El texto, sí, ese maldito texto, dice que Banksy ha creado una ¿nueva? corriente dentro del arte callejero, donde a través de sus obras llenas de sátiras, metáforas, ironías y largo etcétera,  intenta deconstruir el mundo instaurado. 

Pero dicho texto, que frente a nuestros ojos se presenta como una post-verdad, sobretodo en forma de interrogación que nos pregunta si verdaderamente nuestro paradigma es el válido, podría tener un subtexto que lo aleja precisamente de ese nuevo ¿o viejo? paradigma que intenta reemplazar al que tenemos instaurado. 

Un subtexto que el artista no programó de antemano, sino que más bien se desarrolló después en la relación entre la obra y el espectador -parafraseando a Gadamer-. El resultado es un significado muy distinto al que pretendía Banksy, pero no por ello menos verdadero. Dicha verdad pasa de texto a subtexto en un movimiento maravilloso de la naturaleza. 

Su supuesta ruptura se convierte en un elemento más del mercado artístico, y cuando intenta contrarrestarlo destruyendo una obra en una subasta, dicha post-obra destruida se convierte a su vez en otra obra más, con un precio establecido, y sobretodo, con un significado abierto que no tiene nada que ver con el propósito del autor. 

Dicho esto, me voy a poner los cascos, darle al play y a salir a través de la tienda de regalos mientras escucho...









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