domingo, 24 de noviembre de 2019

Cuando un dron intentó ordenar el almacén de mi alma...

La mayoría -por no decir todas- de las tardes de mi vida han tenido como campo de batalla la calle, esa que constituía un hardware cuyo software creábamos nosotros sobre la marcha, sobre todo en aquellos inolvidables años de la infancia cuando Freud dice que forjamos lo que seremos el resto de nuestras vidas. A Darwin lo mencionaremos otro día. 

No deja de ser curioso el hecho de que me llevo casi todo el día en mi trabajo frente a un ordenador. Ahora dirá el lector que el primer párrafo de esta entrada es una vacilada y que a día de hoy ya no vivo en la calle. Pero yo le voy a responder a usted con otra pregunta. ¿En qué medida dicha tecnología mediatiza mi forma de relacionarme con el mundo? 

Antes que nada, voy a admitir que evidentemente mi vida ha sufrido un cambio, y como buen hijo de mi tiempo, yo soy yo y mi circunstancia, no vivo en la selva amazónica alimentándome de bichos y raíces. (¿Hacía falta parafrasear a Hegel y a Ortega y Gasset para vomitar dos verdades?).

Recuerdo que fui el último de mi círculo en comprarme un móvil. Esa sensación de llegar a casa y ver una nota en la puerta de la nevera de que te habían llamado por el teléfono fijo no tenía precio. También fui el último en tener un pc e internet. Y cuando todo el mundo ya tenía la última generación de móviles con Android o IOS, yo seguía con un Nokia. 

El lector deducirá que llegue tarde a las redes sociales, y cuando por fin sucumbí a ellas, las calles se volvieron desiertas. Nunca olvidaré el día que me borré de todas. Si usted lo hace algún día, y no le tienta volver, comenzará a vivir de una forma no sólo menos mediatizada, además comprobará que su infancia sigue estando ahí, y sobretodo y lo más importante, volverá a disfrutar de los 5 sentidos, y no me refiero precisamente a la pregunta "¿A qué huelen las nubes?".

Vale. Vamos a matizar. Blogger está considerada una red social, pero para mí no deja de ser un diario en diferente formato. De hecho nadie lo visita o comenta, ni tengo la necesidad de dirigirlo a nadie, más bien hablo conmigo mismo. Vale, sigamos matizando. Sigo utilizando Facebook y Twitter, pero sólo con fines comerciales, para promocionar mi negocio, es decir, cuentas sin amigos. 

Hablando de amigos, mi sobrino que tiene 5 años no sale a la calle por las tardes. Sólo sale para ir a la natación, al karate y al conservatorio. No conoce a ningún otro niño de su barriada a no ser que coincidan en el colegio o en las actividades extraescolares. Sus juegos están en la tablet. No sabe lo que es la lima, el coger, unamimula, la lata, el cinturón y un largo etc. 

Se da la circunstancia de que mi familia, aún estando todos independizados, seguimos comiendo al medio día todos juntos. Ni que decir tiene, que durante ese tiempo que dura la comida, chuceamos a mi sobrino. También mis herman@s o yo lo recogemos y hacemos cosas juntos, como ir de excursión al río a coger ranas, al campo a recolectar frutos, a meternos uno con el otro poniéndonos motes, a meterlo en el cuarto de las ratas y salir llorando -de alegría queridos progres-, clases particulares de cómo defenderse del abusón y convertirse en el líder, y un largo etc.

Y la fórmula funciona. Se comporta diferente a los demás niños de su edad. De hecho en el colegio a la madre -mi hermana- le advierten de comportamientos inadecuados para la era del exceso tecnológico, que a la postre es vacío y apatía. 

No esperen que una reflexión moral sobre el tipo de influencia que ejercemos sobre mi sobrino. No quiero que usted, querido lector progre, tenga la oportunidad de denunciarme a través de las redes sociales. No creo que tenga cojones de presentarse en una comisaría ni mucho menos decirme nada a la cara. Y lo peor de todo, es que habiendo nacido entre los 70s y 80s (si naciste a partir de los 90s no eres ni bienvenido a esta entrada), ya estás tan contaminado, que lo que antes resolvíamos en la calle, ahora simplemente es un mundo paralelo creado por tu mente. 

Alguien dijo una vez que la realidad sólo es una proyección de un estado interior, y no le quito razón, pero no es lo mismo que dicho estado, que no deja de ser el movimiento del almacén de mi alma lo maneje un dron, a que lo domine una calle llena de niños...y uno de ellos sigo siendo yo,,, el mejor amigo de mi sobrino con 5 años, manda huevos,,,


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