sábado, 9 de diciembre de 2017

Mascullar: hablar entre dientes y en voz baja, sin pronunciar claramente las palabras


Me repito, lo se, y además copio, corto, pego y elimino. Buscarás entradas que ya no existen, pero encontrarás otras nuevas que se repiten -¿?- Ya, tengo un diente bajo que masculla fuera de campo. 

Rebobinemos. ¿A quien voy a mentir? Metáforas creadas entre líneas no hacen de mi historia algo interesante al lector, si es que hay alguien que pierda el tiempo leyendo este blog -a partir de aquí SPOILERS-.

¿Cómo puede alguien repetir algo que nunca ha escrito? Nos podemos poner pedantes y acudir a las esencias o ideas griegas, pero seamos claros, ser esto o aquello o contemplar las ideas antes de que mi alma se una con mi cuerpo son puras gilipolleces. 

El camino va por otro lado. Las metáforas son los torpes zombies que una y otra vez nos quitamos de en medio sin problemas (y la culpa no la tiene precisamente Frank Darabont). Quizás el problema no es el mal que nos amenaza -masculla- fuera de campo, sino más bien ese "otro" del que hablaba Sartre.

¿Otra vez con las gilipolleces? No sólo copio, corto, pego y elimino, también miento -ssshhh¡-. Y entre tantas mentiras, trato desesperadamente de encontrar un lugar en el mundo: un trabajo, una relación seria y  una estabilidad emocional.

Usted lector, que no tiene un pelo de tonto, habrá notado que en el último párrafo he hablado entre dientes y en voz baja, sin pronunciar claramente las palabras que representan mi vida, entre otras cosas porque el verbo mascullar no está en mi diccionario lleno de mentiras -fin de los SPOILERS-.