viernes, 21 de julio de 2017

Cuando construía castillos de cielo en la arena de Santa Coloma

Nunca he estado en EEUU. Que conste en acta. Toda la cultura que tengo de ese país es literaria o cinematográfica. Dicho esto, me encanta la forma de entablar una conversación. Repito, ficción. Aunque más alta que la realidad esté la posibilidad -pastoreando el ser-.

Después del universal intercambio de nombres, deviene una segunda pregunta que tiene que ver con los apellidos y su origen -inmigrante-. Que tu padre o abuelo sea italiano -grande James Gandolfini- o irlandés, ya siembra una tierra llena de matices.

Pero la verdadera pregunta viene con el "¿Cual es tu historia?". Se podría decir que viniendo de la meca del cine (WTF? Sips), no es de extrañar que la vida en dicho país sea como un guión al más puro estilo de Hollywood -no el de los superhéroes y Disney-.

Si te soy sincero lector me importa una mierda lo que hayan hecho los yankees. Me quedo con la influencia que han provocado en mi, y ese particular "¿Cual es tu historia?".

Cuando pregunto en ese país llamado España, entre la basura blanca -¿por qué nadie habla de la white spanish trash?-, me encanta escuchar no sólo las historias que hay detrás, sino también la reacción que provoca en el interlocutor y cómo esta pregunta le hace sentir "alguien".

Si a ese "alguien" lo acompañas de una atmósfera aka Jóhann Jóhannsson (¡), la historia en sí deja de tener relevancia en sí misma para convertirse en una emoción que tienes que vivir como si fuese un camino. Y no hace falta decir dónde está la gracia de ese camino. Las entradas las vende Antonio Machado.

Ahora es cuando yo te cuento mi historia en modo camino tal cual sicario (!) cuya alma pertenece al Dios patrón Pablo Emilio Escobar Gaviria. Nops. Perdona. Ni soy sicario, ni tengo patrón -¿o sí?-. Soy más bien una especie de constructor. Nops. No especulo ni creo burbujas inmobiliarias.

Más bien me gusta construir castillos de cielo. Suena a "¿a qué huelen las nubes?". Lo se. No quiero venderte humos. La izquierda de Puerta (el 10 de Alemania también sirve de ejemplo) con su interior me hizo subir a los cielos, unos cielos cuya materia es pura arena, una arena  que tiene nombre de santa aunque no lo sea: el metro que me llevaba de Fabra i Puig a Santa Coloma, esa es mi historia.

A mi amigo Cris...