domingo, 8 de diciembre de 2019

,,,subidos a esa cuarta pared por encima del bien y el mal,,,

Mantener una filosofía de vida es complicado, sobretodo si tenemos en cuenta de que la vida se divide en distintos procesos ancestrales que se se repiten una y otra vez formando un circulo vicioso del cual es imposible salir. 

No voy a perder el tiempo en vislumbrar las edades de la vida parafraseando a Machado, Freud o Nietzsche, que cada uno mire hacia atrás y sea consecuente con lo que le ha tocado, y sobretodo,  con lo que ha elegido.   

Espera, que te llevo a un lugar. ¿No es una contradicción en sí misma tocar con elegir? Pues sí, pero teniendo en cuenta el inicio de lo que te ha tocado, de camino van llegando las elecciones. Y no te equivoques, no es suerte, la suerte no existe, es un concepto que lo inventó la Lotería de Navidad. 

Tanto si has nacido en una familia de una aldea de África como en una del primer mundo, las decisiones las tomas tú. Ya. Teniendo en cuenta la mochila del premio. Aún así, eres en cierto modo libre de tomar un camino u otro, hacia ese final que no importa.

Esa libertad sólo surge si eres capaz de subirte a la cuarta pared de las tres que te oprimen. Ya. Es fácil decirlo cuando soy blanco y he nacido en el paraíso. Pero una vez más te pido que no te equivoques, soy una basura blanca en un cementerio lleno de necesidades. 

Subir a la cuarta pared no es algo perpetuo, se da sólo en ciertas ocasiones. Y dichas ocasiones sólo se dan cuando emprendes un camino que no tiene final. Porque el final es el apocalipsis que dictamina quienes fueron buenos o malos. 

Llegados a este punto, mientras os regalaba un texto lleno de mentiras inventadas en el romanticismo y la ilustración, mi yo, el ello y mi superyó hemos estados subidos en un subtexto, a esa cuarta pared por encima del bien y el mal, circunstancia que no tiene nada de Ortega ni de Gasset...